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Tóxicos de cada día

El universo de objetos diarios con los que convivimos, se compone de miles de sustancias químicas sintéticas y muchas de ellas no están examinadas y controladas en su toxicidad. Algunas de ellas ya han sido prohibidas, pero su persistencia en el medio sigue siendo causa de diversas patologías.

Bifenilos policlorados, conservantes, pesticidas, plomo, ftalatos, dioxinas y furanos entre otros, algunos nombres no conocidos pero que están en pinturas, productos de limpieza, cosmética e higiene, alimentos procesados, lentillas y hasta en juguetes.

Se les llama contaminantes orgánicos permanentes (COP), que en algunos casos actúan como disruptores endocrinos, y su exposición a largo plazo produce desde irritaciones en la piel, daño renal o hepático, daño al sistema nervioso, desórdenes hormonales y reproductivos, enfermedades respiratorias, y hasta cáncer.

Hoy, existen más de 80 mil sustancias químicas sintéticas, creadas por el hombre de las que se desconocen sus riesgos tóxicos a largo plazo. Parecen inofensivas y convivimos a diario con ellas.

Los niños del siglo XXI están expuestos a una serie de amenazas en su propio medio ambiente. El doctor Philip Landrigan, pediatra y epidemiólogo jefe del Departamento de Medicina Preventiva del Hospital Monte Sinai en Nueva York, opina que las amenazas del pasado a la salud de los niños, como la varicela y la polio han sido superadas en el presente. Sin embargo, “el humo, los cigarrillos y la contaminación del aire han elevado los casos de asma en un 160 por ciento en los últimos 15 años”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió acerca de la vulnerabilidad de los niños a la exposición de sustancias químicas durante las distintas etapas del crecimiento. La pubertad precoz o al contrario, el retraso en la maduración sexual serían algunas de las consecuencias.

“Los niños están más expuestos que los adultos a ellos, porque consumen más comida y beben más agua en proporción a su tamaño. Y también porque su sistema nervioso, inmune, reproductivo y digestivo no está maduro”, afirma la pediatra Lilian Corra, fundadora de la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente (AMMA), y miembro de la International Society of Doctors for the Environment (ISDE).

El doctor David Serban Shreiber, médico y profesor de la Universidad de Pittsburgh y miembro de Médicos Sin Fronteras, lleva algunos años investigando la química de los elementos sencillos que se usan cada día y sus consecuencias para la salud. Según Serban, “desde 1940 se ha observado en las sociedades occidentales un aumento del 28% en cáncer de cerebro y leucemia en niños”. La leucemia se incrementa un 1% cada año.

El ejemplo más reciente de tóxico cotidiano es el Bisfenol A, una sustancia química que se utiliza para dar rigidez a los plásticos de uso cotidiano como botellas, utensilios de cocina, latas de conserva, gafas, carcasas de ordenadores, herramientas hospitalarias o las tetinas de los biberones infantiles. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y Naciones Unidas encargaron en 2011 un estudio a 16 especialistas sobre los efectos de estos disruptores endocrinos, y una de sus principales conclusiones es que estas sustancias son “una amenaza global” de la que hay que estar atentos.

“Lo primero que hay que tener en cuenta es que esta exposición ocurre, que es real y creíble”, según comenta Nicolás Olea, catedrático de Radiología y Medicina Física de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada y oncólogo del Hospital Clínico de Granada.

El siguiente paso para los investigadores es saber en qué medida afectan a la salud, por ejemplo en la sensibilidad química múltiple, que sufre el 15% de la población española.

El problema al que se están enfrentando estos investigadores es que “el diagnóstico de esta patología es difícil porque muchas veces se trata de síntomas no específicos. Estas sustancias pueden alterar y dañar todos los órganos y provocar desde un dolor de cabeza hasta alteraciones cognitivas, pérdida de memoria, falta de concentración, dolores musculares, cansancio, alteraciones cardiovasculares, alteraciones respiratorias, alergias, intolerancias alimentarias, problemas digestivos, articulares, inflamaciones.

Resulta muy difícil abordarlas porque la medicina ha ido enfocada al síntoma, pero la causa sigue ahí. Muchas de estas enfermedades tienen todo ese tipo de sintomatología y son difíciles de diagnosticar, pero hay algunos signos importantes, por ejemplo personas que son muy sensibles a los olores porque ya su carga tóxica es muy elevada”.

La exposición a sustancias tóxicas en la vida diaria está probada y que éstas, causan daños irreparables a las personas que las consumen y al medio ambiente en el que se desechan. Existen alternativas, que sin duda modificarían nuestros hábitos de consumo, sólo queda concienciar a la gran masa para provocar un cambio.

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